
Fuente: cartagenaantigua.wordpress.com
Hay ciudades que comparten más que un nombre. Cartagena de Murcia y Cartagena de Indias están unidas por un hilo invisible que atraviesa el océano Atlántico y cinco siglos de historia: el espíritu explorador
Una ciudad tan antigua como la visita de Jesucristo.
Cartagena no es solo antigua: es milenaria. Fundada en el año 227 A.C por el general cartaginés Asdrúbal el Bello como Qart Hadasht ("Ciudad Nueva"), esta urbe del sureste español ya era un enclave estratégico más de dos siglos antes del nacimiento de Cristo. Romanos, visigodos, bizantinos y árabes dejaron su huella en sus murallas, pero hay algo que nunca cambió: su vocación de ciudad de militares y viajeros.
Desde sus orígenes, Cartagena ha sido hogar de soldados, navegantes y exploradores. Su puerto natural, uno de los mejores del Mediterráneo, la convirtió en base naval de imperios y punto de partida hacia lo desconocido. Esa tradición militar y aventurera está grabada en su ADN, transmitida de generación en generación durante más de 2.200 años.
El puerto que miraba al horizonte.
Cartagena, la ciudad militar y portuaria del sureste español, fue durante siglos puerta de salida hacia lo desconocido. Desde su puerto natural, protegido por fortificaciones que aún hoy vigilan el Mediterráneo, partieron navegantes, soldados y exploradores rumbo a las Indias. Entre ellos, aquellos que fundaron en 1533 Cartagena de Indias, bautizada así en honor a su ciudad madre.

Cartagena a principios del siglo XX. Fuente: Archivo histórico
Aquellos hombres llevaban consigo más que provisiones y mapas: portaban brújulas magnéticas, catalejos rudimentarios y un sentido de orientación forjado en las sierras murcianas. La misma determinación que les hacía navegar por estrellas es la que hoy impulsa a los exploradores modernos a adentrarse en la naturaleza.
Herramientas de ayer, aventuras de hoy.
Los instrumentos han evolucionado, pero la esencia permanece. Donde antes había astrolabios, hoy tenemos brújulas profesionales con clinómetro que nos guían por senderos de montaña. Los catalejos de latón han dado paso a monoculares compactos que caben en la mochila pero mantienen la misma función: acercar lo lejano, descubrir lo oculto.
La Sierra de Cartagena, con sus paisajes áridos y vistas al mar, sigue siendo territorio de exploración. Recorrer sus rutas al amanecer, orientarse con brújula cuando la tecnología falla, observar aves rapaces con un catalejo mientras el sol se pone sobre el Mediterráneo... son experiencias que conectan con ese legado aventurero.
La noche del explorador
Si hay algo que une a los navegantes del siglo XVI con los senderistas actuales es la relación con la oscuridad. Aquellos marinos aprendieron a leer las estrellas; Nosotros aprendemos a movernos con linternas frontales por senderos nocturnos, a respetar la noche ya llevar siempre una fuente de luz potente que nos devuelva la seguridad.
Las noches en el campo, lejos de la contaminación lumínica de la ciudad, nos recuerdan que la aventura también requiere preparación. Una linterna recargable de alta potencia no es un capricho: es la diferencia entre disfrutar del entorno y perderse en él.
El Carnaval: celebración del retorno
El Carnaval de Cartagena, uno de los más antiguos de España, tiene también su conexión con esta historia. Era la fiesta del retorno, la celebración de quienes regresaron de ultramar. Hoy, entre comparsas y desfiles, la ciudad sigue honrando ese carácter festivo y marinero, esa mezcla de disciplina militar y alegría popular que la define.

Las calles de Cartagena rebosantes de vida. Fuente: Archivo histórico
Observar el carnaval desde los balcones del casco antiguo, con unos prismáticos para captar los detalles de los trajes bordados a mano, es otra forma de exploración: descubrir la artesanía, el esfuerzo colectivo, la tradición viva.
Dos Cartagenas, un mismo horizonte
Cartagena de Indias creció como ciudad fortificada, espejo caribeño de su hermana mediterránea. Ambas comparten murallas, historia naval y ese gen explorador que no entiende de fronteras. Visitar una es recordar a la otra; caminar por sus calles es caminar por siglos de aventura.

Cartagena de Indias, Colombia, siglo XIX. Fuente: plusesmas.com
Y quizás lo más hermoso es que ese espíritu sigue vivo. No hace falta cruzar el océano para ser explorador: basta con calzarse las botas, coger la brújula y salir a descubrir lo que tenemos cerca. La sierra, el monte, el sendero olvidado. Porque explorar no es solo llegar lejos, sino mirar con otros ojos lo que siempre estuvo ahí.
Desde Northvivor celebramos ese espíritu aventurero que une pasado y presente, mar y montaña, Cartagena Madre y Cartagena Hija. Porque al final, todos llevamos un explorador dentro.

